Enorme trascendencia para el futuro del país constituye la forma en que se plantee el establecimiento de las regiones.
Esto supone contar con un modelo propio de ocupación del suelo, es decir, cual debería ser la administración política y la distribución geográfica de nuestra población, de tal forma que genere espacios integrados que potencien el uso racional de los recursos naturales y contribuyan al desarrollo económico sostenible.
Lo que se haga o deje de hacer en este aspecto, tendrá impacto directo en la vida de millones de peruanos en los años venideros.
Desde el punto de vista histórico, nuestro análisis tiene su punto de partida en la Conquista y Colonización española, cuando esta cultura foránea impone una división del territorio según su interés de controlar y extraer riquezas, especialmente minerales, disolviendo las 4 grandes divisiones o "suyos" de la sociedad incaica.
A partir de ese momento se quiebra la relación armónica entre la población y su suelo.
De allí en adelante, se han dado muchos intentos frustrados por dividir el territorio, determinar las demarcaciones entre departamentos, provincias y distritos, que fueron creados, la mayoría de las veces, tomando cualquier accidente geográfico, como límite entre estas circunscripciones.
En otros casos simplemente obedeciendo al capricho de gobernantes y parlamentarios de turno o a su interés político ocasional.
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