Dos casos, desafiantemente personales y extremos, admite nuestra literatura fantastica: Adolfo Bioy Casares y Santiago Dabove.
Anverso y reverso de una misma moneda, autor de un corpus regular y sistematico a lo largo de mas de medio siglo, uno; escritor de una sola obra postuma, el otro; famoso -a su pesar- el primero; retirado del mundo, de los objetos del mundo y de los hombres, el otro; amante de la palabra escrita, uno; maestro oral, en la tradicion de los evangelios y de Pitagoras, el otro; hedonista de las tersuras de la vida, el primero; obseso de la muerte y de sus destellos...
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