A lo largo del siglo XX, los medios de comunicación fueron adquiriendo un papel cada vez más relevante en la vida de las personas. Más allá de los libros, la gran difusión de la prensa, el cine, la radio y, sobre todo, la progresiva universalización de la TV y el teléfono a partir de los años 60 y 70, influyeron sustantivamente en la organización de la vida social y doméstica, y se convirtieron en poderosos agentes educativos, transmisores, homogeneizadores de la cultura dominante, pero también de las culturas (en plural) y en definitiva de la Cultura (en mayúscula).