La diarrea puede definirse como el aumento de volumen, fluidez o frecuencia de las deposiciones
en relación con el hábito intestinal normal de cada individuo, y se asocia habitualmente a un alto
contenido de agua en las heces. La diarrea aguda constituye un gran problema de salud pública
en la mayoría de los países en desarrollo y es causa de importante morbimortalidad durante la
infancia, especialmente por su relación con la desnutrición y los altos costos que implica para los
sistemas de salud por su alta demanda de atenciones ambulatorias y hospitalizaciones. La
Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que cada año se presentan 1.300 millones de
episodios de diarrea en niños menores de cinco años en países en desarrollo y 4 millones de
muertes por diarrea aguda, relacionadas, en el 50-70% de los casos con deshidratación. No todos
los episodios de diarrea aguda requieren estudio etiológico, sino aquellos que: duran más de lo
habitual (3 a 5 días), los que producen deshidratación y sed excesiva, se presentan como
síndrome disentérico (en pocas horas, después de haber comido algo), o resultan en
hospitalización del paciente. La diarrea se considera crónica cuando dura más de dos semanas,
pueden ser provocadas por diferentes causas: virus o enterovirus, bacterias, hongos, parásitos y
medicamentos.