La Escuela de Fráncfort parte de la distinción entre teoría tradicional y teoría crítica, con
la que recupera la tradición dialéctica, tanto en la elaboración de una teoría social como en la crítica
cultural. Adorno aplicó la distinción a la Sociología de la Música y al estudio de otros productos
culturales. El ascenso del nazismo determinó el exilio de los miembros de la Escuela de Fráncfort.
Horkheimer y Adorno expresaron la dialéctica de la Ilustración: los procesos de cosificación y la
exacerbación de la razón instrumental, que determinaron en última instancia la aparición de la
barbarie de Auschwitz. Adorno, además, sometió a crítica su relación con el positivismo subyacente
no sólo al logicismo o al cientismo, sino también a filosofías de la conciencia, como la
fenomenología, el existencialismo o la hermenéutica. Frente a ellas, la dialéctica no puede
clausurarse, sino permanecer abierta, como dialéctica negativa. La aparición de la barbarie plantea un
imperativo categórico a la educación: que Auschwitz no se repita, aunque en el conjunto de su obra se
pueden rastrear otros elementos para establecer una Sociología de la Educación negativa.