Cuando tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial surge un nuevo organismo mundial llamado a reemplazar a la Liga de las Naciones, no pocos creyeron que con la Organización de las Naciones Unidas (ONU) había llegado la culminación de las guerras bárbaras e incivilizadas que habían abundado en el pasado histórico de la humanidad.
Muchos dijeron que por fin los conflictos armados serían drásticamente sancionados por el organismo internacional, representativo de la generalidad de países del mundo.
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