Desde hace varias décadas algunos investigadores habían llamado la atención sobre la existencia, en el valle de Supe, de una serie de complejos arquitectónicos monumentales (a cuatro de ellos se les denominó Chupacigarro) pero ninguno llegó a emprender excavaciones arqueológicas sistemáticas o d¡o a conocer sus resultados (1).
Atraídos por esta información, que hacía alusión a los imponentes sitios monumentales del valle, en contraste con nuestra experiencia sobre las condiciones geográficas de éste, y el conocimiento existente sobre la problemática del área, decidimos iniciar investigaciones arqueológicas. Para esto fue de gran utilidad el catastro de sitios arqueológicos del valle de Supe, efectuado por Carios Williams y Manuel Merino (1979), así como los valiosos estudios de Williams sobre la arquitectura temprana, entre los que se mencionaba a Caral.