Desde su puesta en marcha en los años 70 la política de desarrollo rural ha ido adquiriendo mayor relevancia. Esta evolución supone el reconocimiento de que la PAC (primer pilar) no podía abordar y resolver por sí sola todos los problemas de las zonas rurales (empleo, crecimiento económico, conservación del medioambiente, entre otros). En la Conferencia de Cork sobre desarrollo rural (1996) se afianzó la necesidad de mantener el modelo agrícola europeo trabajando en pro de un sector agrario multifuncional y de un contexto social y territorial más amplio para la agricultura. Con estos antecedentes y la experiencia acumulada en el período de programación que terminó en 1999, el Consejo Europeo aprobó el Reglamento (CE) nº 1257/99, de 17 de mayo, sobre la ayuda al desarrollo rural a cargo del FEOGA.