Fumar es un hábito que se adquiere no sólo por dependencia psicológica, sino también, y sobre todo, por una dependencia física de la nicotina. Cuando fumamos estamos introduciendo en nuestro organismo una serie de sustancias que, dicho de alguna manera, provocan en nuestro cuerpo unas sensaciones más o menos placenteras a corto plazo, pero con unas consecuencias a medio y largo plazo muy perjudiciales para la salud. Estas sustancias requieren -una vez acostumbrado nuestro organismo a ellas- unos niveles mínimos para poder seguir "disfrutando" de sus efectos y evitar el síndrome de la falta de nicotina. La necesidad de esos niveles mínimos suponen una verdadera dependencia física.