No cabe duda que "no hay nada nuevo bajo el sol".
En medio de la vorágine de las nuevas realidades de la globalización económica, la revolución tecnológica de la información , la "hipercompetencia" empresarial, la fe en las llamadas "ventajas competitivas" y el culto -casi fanático - al mercado y al crecimiento económico a ultranza, están surgiendo, cada vez con más frecuencia, pronunciamientos y actitudes en el sentido de que la dimensión ética debe reintegrarse plenamente como el centro de toda reflexión y práctica en los esfuerzos para el desarrollo en todos los ámbitos de la acción humana.
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