El estudio sobre Spinoza del profesor Peña García supone, ante todo, un inteligente intento de mostrar que la filosofía del ilustre judío holandés de origen español, no es propiamente un panteísmo, ni un espiritualismo de ningún género, del que pudieran beneficiarse misticismos posteriores. Spinoza, que es un ejemplo clásico del desarraigado, pero ligado a otros desarraigados ?los judíos hispánicos heterodoxos en el exilio?, no representa en la historia del pensamiento filosófico una simple prolongación del racionalismo cartesiano; en su caso se trata, más bien, de un «materialismo», pero no de la clase que complacería a los dogmáticos que habían de venir tras él, sino de un materialismo crítico: una ontología sin monismos ni corporeísmos metafísicos (en el peor sentido de este último término)