Cuando se observa de una manera global todo el conjunto de saberes que el mundo escolar ha seleccionado y legitimado como necesarios e imprescindibles, aparecen a la vista de cualquier observador una serie de interrogantes. Por ejemplo, es difícil explicar el porqué las áreas de comunicación se centran en buena medida en estudiar estructuras y contenidos gramaticales; o por qué las ciencias de la naturaleza son descontextualizadas de tal manera que la observación o la experimentación se convierten frecuentemente en una actividad residual; o por qué en las matemáticas, el sentido repetitivo, mecánico, irreal y no imaginativo es el aliado común que acompaña a menudo la resolución de problemas; o por qué de las ciencias sociales, únicamente se estudian de forma casi exclusiva dos de ellas: historia y geografía.