El mundo en las dos últimas décadas presenta una serie de cambios vertiginosos, de naturaleza económica, política, social y cultural. en
este sentido Jean François Chanlant (a quien citamos in extenso) apunta que "Estos cambios devienen desde el origen del hombre y se
remontan a el origen de los tiempos (Braudel, 1979), desembocando en lo que el sociólogo e historiador americano I. Wallestein (1985)
ha calificado de capitalismo histórico. Marcado a la vez por el incremento de la racionalidad (Weber, 1971) por la acumulación del
capital (Marx, 1970), por la hegemonía de las categorías económicas (Polanyi, 1983), por la obsesión del progreso (Rostow, 1986) por
la urbanización (Castells, 1983) y por la explosión tecnológica (Landes, 1975; Ellul, 1964), este nuevo orden social en movimiento
permanente ha visto proliferar un gran número de organizaciones (Presthus, 1978).