La globalización ha provocado profundos cambios en todo el
mundo y en todas las organizaciones, generando particularmente un
gran impacto en las estructuras políticas y administrativas del Estado,
que le exigen modernizaciones y significativos progresos en materia
de comunicación, transparencia, eficiencia y coordinación (ILPES
1995). Las exigencias anteriores están estrechamente relacionadas con
los cambios estructurales y con el nuevo estilo de gestión pública que
demandan estas nuevas estructuras.