Ocurre que la forma convergente de pensar es lo tradicional, lo conocido, es lo que se aprende como única manera de pensar, pero que, llegado el momento de encontrar una salida a un problema a través de caminos alternativos, no convencionales, esa manera convergente se vuelve insuficiente y es allí que el pensamiento divergente aparece como la pieza que faltaba para estimular o fomentar la creatividad necesaria para encontrar ese camino paralelo, distinto, que lleve a la solución buscada.