A finales de la década de los 60 comienza a hablarse en nuestro país sobre el fenómeno de la contaminación atmosférica, principalmente en las grandes ciudades. Sin embargo, hasta principios de los años 80 no llegan a España noticias desde el norte de Europa sobre las llamadas lluvias ácidas: se empieza a hablar de la muerte de los lagos en Escandinavia, de la destrucción de la Selva Negra alemana, la corrosión acelerada de edificaciones y monumentos históricos en Roma, etc.
Este fenómeno no es ajeno a nuestro país ni tampoco se encuentra fuera de amenaza ningún país de Europa del Este o del Oeste.