En los últimos años, tanto la comercialización como la distribución de frutas y hortalizas ha sufrido importantes cambios. El canal tradicional, basado en los mayoristas, ha sido sustituido en parte por canales paralelos más cortos, conforme se han ido desarrollando los fenómenos de concentración de la gran distribución. Desde que este proceso se inició, las empresas que comercializan la producción de frutas y hortalizas se encuentran sumidas en una espiral negativa, consecuencia directa de los efectos que dicha concentración ha provocado (Planells, J. Mir, J. 2000)