Las conocidas más popularmente en inglés como merger clauses o cláusulas de restricción probatoria plantean, caso de su existencia, interesantes problemas de interpretación acerca de su significado y alcance. Mediante el uso de estas cláusulas se pretende que un contrato no pueda ser interpretado, suplementado o contradicho mediante declaraciones o acuerdos anteriores. Se intenta, en definitiva, evitar la injerencia de las negociaciones o tratos previos anteriores a la conclusión del contrato. Los efectos de esta cláusula son claros y los principales destinatarios son las partes, el juez o el árbitro, para quienes las negociaciones o tratos anteriores habrán de considerarse como inexistentes.