Diez años atras la ciudad de Barranquilla era catalogada como un sitio donde el progreso se demoraría lustros en llegar.
Empresas públicas llevadas a la quiebra por malas administraciones y la corrupción. El cubrimiento del acueducto era pésimo, y en algunas zonas, literalmente inexistente.
Del mismo modo, el suministro de energía era altamente costoso y deficiente, lo que explicaba el ronroneo de las plantas eléctricas a gasolina en las entradas de locales comerciales y de algunas entidades oficiales.