Si bien las arquitecturas de redes tradicionales están compuestas de cuatro capas: la capa física de fibra, la capa de multiplexación óptica, la capa de conmutación ATM y la capa de enrutamiento IP, muchos proveedores de servicio están respondiendo al mercado cambiante con el fin de optimizar el funcionamiento de sus redes y los costes de mantenimiento. Los principales motores de este cambio son el espectacular incremento de tráfico IP, principalmente como consecuencia de Internet, y los avances producidos en las tecnologías de transmisión óptica.